martes, 15 de octubre de 2013

El lararium, culto doméstico a los dioses.



Pintura con lares, genio y ofrendas, Museo Arqueológico, Nápoles

El culto privado entre los romanos, vinculado a las fiestas de carácter agrícola y familiar, era competencia del ámbito doméstico, donde el pater familias actuaba como sacerdote.
Los lares familiares eran espíritus que cuidaban de la salud y prosperidad de la familia y su entorno doméstico, incluidos los esclavos. Se les representaba como adolescentes con el cuerno de la abundancia en una mano, con una pátera en la otra y vestidos con una túnica corta. Las figurillas se hacían de madera, hueso, bronce u otros materiales.
Lares de bronce, Museo arqueológico de Nápoles

 Se les hacía ofrendas y se les saludaba al salir y volver de un viaje. El romano dirigía al lar su plegaria de la mañana y en las comidas le reservaba una parte de cada plato. Se les guardaba en un  lararium o larario,  pequeña construcción en forma de nicho, con un techo y un frontón soportado por columnas, adosada a los muros de la casa. También se los representaba pintados en la pared. La ubicación del lararium solía ser el peristilo o el atrio para que pudieran ser vistos con más facilidad.
“Lares de mis antepasados, sálvadme: vosotros sois los mismos
  Que me criaron, un chiquillo corriendo delante de vosotros.
  No sintáis vergüenza por estar hechos de madera antigua:
  Así erais cuando vivíais  en casa de mi abuelo.
 En aquellos tiempos se mantenía mejor la fe, cuando un dios de madera
Pobremente vestido, se guardaba en un estrecho nicho.”
(Tibulo, elegía 10, libro II)


El lararium albergaba los lares, los penates, protectores de la despensa; el genio, espíritu tutelar del pater familias, representado como una serpiente o un hombre cubriendo su cabeza con la toga; los manes, espíritus de los antepasados familiares; además de otros dioses, como Fortuna o Mercurio, que las familias veneraban como protectores. Ante el larario se celebraban distintos ritos conmemorativos de acontecimientos familiares acompañados de banquetes, como el cumpleaños del pater familias que coincidía con la fiesta del genius; la presentación de la nueva esposa a los dioses familiares; el nacimiento de cada hijo varón al que se purificaba a los nueve días.

Lararium de Pompeya

Las ofrendas del larario eran variadas, pero principalmente consistían en flores y guirnaldas para decorarlo, vino para tomar en honor del genio, incienso, además de miel, perfumes, frutas, coronas de flores o pastelillos. El señor de la casa les dedica una plegaria: “Que este hogar sea para nosotros  una fuente de bienes, de bendición de felicidad y de buena suerte.” (Plauto, Los tres escudos)
Los Penates eran los espíritus protectores de la despensa y procuraban que no faltara el alimento. Se los llama dioses troyanos porque Eneas los trajo de Troya durante el periplo que le llevó a Roma. Se los representaba con estatuillas en forma de dos jóvenes sentados que sostienen una lanza. Al empezar las comidas el pater familias pronunciaba la frase “Que los dioses sean propicios” y echaba una parte de la comida al fuego del hogar que era su altar.

Lararium con Mercurio, Lares, Genio y dios Penate
El fuego del hogar estaba dedicado a la diosa Vesta y la mater familias atendía que no se apagase.
Los Manes eran los espíritus de los muertos, objeto de veneración y de terror porque salían para atormentar a los vivos. Los romanos pensaban que los espíritus podrían castigarles si no les rendían culto, por lo tanto se ocupaban de mantener las tumbas y ofrecer flores y alimentos como leche, miel, vino puro o huevos.
Por ello se hacían ritos nocturnos de purificación para alejarlos. Durante la Lemuria nocturna, el pater familias arroja unas habas negras de espaldas diciendo : "Yo arrojo estas habas, con ellas me salvo yo y los míos", sin volver la vista. Lo repite nueve veces y estimando que los Manes las recogen. El ritual lo describe Ovidio en su obra Fastos.


En las lápidas sepulcrales se encuentran las inscripciones DIS MANIBUS (D.M.), como fórmula de
consagración del difunto a los Manes divinos.
Todas las partes de la casa estaban bajo la protección de algún dios, como por ejemplo la puerta que se consagraba a Jano.



En cuanto a la purificación de las tierras, cosechas y ganado se hacían algunas ceremonias, como las ofrendas a Líber, en las Liberalia del 17 de marzo, con pastelillos de harina, aceite y miel, o a Pales, el 21 de abril, en las Parilia, cuando la casa y los establos se fumigaban con azufre y se hacían ofrendas de mijo y leche para su purificación. Para conseguir buenas cosechas se invocaba a Ceres con el sacrificio de una cerda, tortas y vino y para proteger al ganado se hacían ofrendas de harina, manteca y vino a Silvano.

Sileno ebrio, Museo del Louvre




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